Escribo estas líneas en senectud.

Noto crujir huesos que no sabía ni que existían. Tengo arrugas más allá del carnet de identidad.

Me da pudor comer delante de los demás porque no sé si les voy a repugnar. Pero no todo son malas noticias.

Tengo ángeles alrededor.

Sí, personas que no me juzgan y creo que hasta me quieren. Me sonríen y me tratan con cariño.

Me siento digno.

Ahora que he llegado a esta etapa de mi vida comprendo y valoro tantas cosas. Ya no le pido más a la vida que dignidad.

Aun cuando sean solo migajas de valor y respeto.

Y creo que tengo la gran suerte de haberlas obtenido.

Abuelo hoy leo tus letras y espero haber cumplido tu solicitud de dignidad.

Me esforcé cada día por darte mi mejor sonrisa, por ayudarte en todo lo que necesitaras. Yo sólo pedía paciencia.

No quería que mi impaciencia te hiciera daño, no me lo perdonaría.

Y aun así confieso que a veces no la tuve, y eso me avergüenza profundamente.

Pero si echo la vista atrás, te puedo decir con total sinceridad que estar contigo fue de lo mejor que me ha dado la vida.

Te recuerdo con tanto cariño, que me enfado conmigo mismo por no haberte podido dar mas, tú no merecías migajas sino un pan entero, de esos de pueblo que no tienen final.

No, no soy un ángel, pero si tú así lo pensaste me da una inmensa alegría porque creo que no lo hice tan mal.

Te echo tanto de menos.

A veces cojo el coche y paso por delante de tu casa. Sueño despierto y pienso que sales por el portal, nos vamos de paseo y charlamos. Luego nos comemos esas patatas fritas que tanto te gustan. Da igual si nos manchamos, yo también me mancho contigo.

Hoy me veo diciendo a mis hijos que aprendan a tratar con dignidad a los mayores.

Espero haberles servido algo de ejemplo y que no piensen que soy egoísta y con lo único que quiero es que me cuiden cuando no pueda valerme.

Sólo con que hayan aprendido lo que es la dignidad, el valor y el respeto por los mayores ya podré marcharme tranquilo, aun cuando no tenga la suerte de mi abuelo de haber sentido dignidad al final de su vida.

Hoy leo el diario familiar y se me caen las lágrimas.

Y quiero yo también contribuir con estas notas para invitar a otros a conocer la dignidad de los ancianos.

Se lo han ganado.

Que después de haberlo dado todo sólo pidan dignidad les hace aún más grandes.

Disfruta del regalo de tener una persona mayor contigo que cuando te quieras dar cuenta esto ya será parte de tu pasado pero te aseguro, sin temor a equivocarme, que su recuerdo perdurará por siempre.

Que no te dé pereza por estar con ellos.

Será duro en algunos momentos, no te lo niego pero compensa, vaya que si compensa. Y si no tienes paciencia sal fuera y grita pero te ruego que nunca lo pagues con ellos.

Si hoy lees esto y tienes algún mayor cerca siéntete dichoso y disfruta. Mañana dime si quieres continuar este relato.

Inés Mestre Herrero-Fontana